AURELIANO DE BERUETE:
LA PINTURA DE PAISAJE DE MONTAÑA
Textos: Lola Soto Vicario
“Aquello que impulse al hombre hacia las alturas es su antigua y eterna nostalgia por elevarse más allá de sí mismo, por unirse a las fuerzas de la eternidad (…)” (1)
Proponemos en este estudio una revisión de la obra del pintor Aureliano de Beruete y Moret (Madrid, 1845-1912), y nos centramos únicamente en la temática de paisajismo de montaña. Aportamos, en el apartado 2, nuestro análisis realizado desde el ángulo de lo puramente visual y estilístico, y obviamos las circunstancias históricas y biográficas, tan abundantes en otros recursos electrónicos y demás bibliografía, salvo cuando en nuestro discurso se hacen necesarias.
1. LA MONTAÑA COMO TEMA PICTÓRICO Y EL PAISAJISMO DEL NATURAL
2. LOS RECURSOS PLÁSTICOS EN LA OBRA PICTÓRICA DE BERUETE
1. LA MONTAÑA COMO TEMA PICTÓRICO Y EL PAISAJISMO DEL NATURAL
Primeramente cabe aclarar que el paisaje como género pictórico en el siglo XX tiene más que ver con la evocación que con la descripción; importa mayormente el filtro subjetivo con el que se asimila la realidad más inmediata. El artista pinta lo que mejor conoce, que es lo que tiene más cerca. Al fin y al cabo, en una obra de arte lo que importa es cómo está pintado aquello, es decir, el individuo creador que interpreta la realidad, más que el qué, es decir, el tema en sí o el hecho de que se reconozcan el objeto o el paisaje representados.
En este sentido, Aureliano de Beruete, pintor paisajista puro, nos ofrece su visión personal a partir de su experiencia con el natural en amplios espacios abiertos, con un refinamiento especial hacia la plasmación de la atmósfera y la luz, algo que aprende de su maestro Carlos de Haes. En particular, la apreciación artística de la montaña era en ese tiempo relativamente nueva en España, y sus precursores habían sido los pintores románticos. Entre los modernos pintores plenairistas como Beruete, el paisaje montañoso decimonónico es contemplado, pintado y sentido como un fenómeno básicamente estético. Los efectos atmosféricos, las lejanías, los acusados contrastes de luz, la niebla, los celajes en constante transformación, todo ello atraerá poderosamente a Beruete, quien desde un principio descubre en ellos grandes posibilidades expresivas, tal y como analizaremos después.
Aureliano de Beruete. “Montañas nevadas”. Sin fecha
En 1878 Beruete había viajado a París, donde conoció al también pintor Martín Rico, quien le introdujo en los modernos círculos de paisajistas plenairistas, y le puso en contacto con la Escuela de Barbizon, grupo “avanzadilla” previo al Impresionismo y definitivo para la modernización de la pintura europea de paisaje. Este grupo se basaba principalmente en la observación y representación de la naturaleza empleando un lenguaje plástico directo y sin artificios, de pincelada muy suelta e intuitiva. Beruete conoce a fondo y sabe asimilar y personalizar las aportaciones de los pintores franceses en sus propias obras. En ello, es decisiva la influencia de Carlos de Haes, pionero en introducir el paisaje natural en España, lo que dio lugar a una nueva escuela de paisajistas que desarrollarían una intensa actividad en la última mitad del siglo XIX y comienzos del XX.
Jean-Baptiste Camille Corot (Escuela de Barbizon). “Campiña romana”.
Apunte realizado hacia 1822-1825
Desde sus inicios como pintor, Beruete rompe completamente con la pintura de estudio y se atiene a la más rigurosa y veraz disciplina del plein air. Desde que en el verano de 1876 hiciera su primera excursión acompañando a De Haes en una campaña por el norte de España, Beruete no concibe el trabajo sino ante un modelo vivo, armado con su caballete portátil y su caja de óleos. Y gracias a su sereno y equilibrado temperamento consigue con frecuencia que sus escuetos estudios y apuntes alcancen la calidad y la finura de cuadros prácticamente acabados.
A la influencia de la Escuela de Barbizon en Beruete hay que añadir la de los paisajistas ingleses, también pioneros en la pintura en el exterior del estudio. Aunque él mantuvo siempre su temperamento propio, admiró profundamente y hasta llegó a adquirir algún cuadro de John Constable . Y será su ferviente interés por captar el entorno más inmediato del modo más naturalista y sin referencias históricas lo que hizo que el género del paisaje experimentara un auténtico despegue y revitalización, como reacción frente a obras anteriores de carácter más pintoresco e historicista.
Asimismo, Beruete fue uno de los primeros institucionalistas que propugnaron el excursionismo por los parajes del Guadarrama. Sabemos que a lo largo del siglo XIX la geología comienza a florecer como ciencia y también con un valor plástico más evidenciado, y las cadenas montañosas españolas serán también lugar de encuento de apasionados del tema y expedicionarios. Se produce el definitivo descubrimiento y la apreciación estética de la alta montaña en el ámbito del arte. Como consecuencia, numerosos estudios del natural se realizarían en esos entornos sublimes y solitarios, en lugares como los Picos de Europa o el Guadarrama, unos paisajes desolados y lejanos que son expresión de la sublimidad del vacío.
Aureliano de Beruete. “El Guadarrama desde el Plantío de los Infantes”. 1910.
Óleo sobre tela, 67 x 101cm.
Beruete, que también había recorrido ampliamente los Picos de Europa junto a De Haes en 1874, introdujo esta inusual temática del paisaje de alta montaña en un momento clave en el desarrollo del género. El hallazgo del Guadarrama como motivo para la pintura comienza con la expansión de la ciudad de Madrid y la construcción de una vía férrea que acercó a los visitantes hasta las cumbres. Junto a un nutrido grupo de pintores, Beruete se interesará por adoptar como tema los panoramas de la sierra, la severidad de la montaña en invierno, y promoverá la fundación de la Institución Libre de Enseñanza, llegando a firmar el manifiesto de la Sociedad para el Estudio del Guadarrama creada en 1886, y fomentando así el excursionismo científico que le servía de inspiración para sus obras.
Aureliano de Beruete. “Paisaje del Guadarrama”. Sin fecha
Según la autora Lily Litvak, el ferrocarril tuvo un papel decisivo en la nueva percepción del paisaje, ya que durante el viaje se exhibe una gran sucesión de escenarios generados por la contemplación de una vista panorámica continuada por la ventanilla. Así, los paisajes se despliegan en forma de panorámicas amplias; se trata de una inédita forma de mirar el paisaje: a través de la panoramización del mundo (3). El nuevo espíritu moderno propone encontrar la Belleza en las cumbres, en los altiplanos, en los montes y montañas solitarias valorados por sus atractivas cualidades geográficas y geológicas, allí donde esta Belleza alcanza un sentido moral y espiritual muy superior a la sensualidad de otros lugares.
Beruete, como miembro fundador de la Institución Libre de Enseñanza, suscita mediante la práctica au plein air la consideración estética del paisaje puro, y ahonda en el carácter grave y austero que se le atribuía al espíritu de lo intrínsecamente español.
Como veremos en la selección de obras, muchos de los cuadros más significativos de Aureliano de Beruete otorgan a la sierra todo el protagonismo, representada en primer plano o captada desde la distancia, siempre tratada pictóricamente con medios sobrios y directos, y a menudo reducida a la línea que cierra el horizonte.
En general, en estos paisajes es importante la concepción del espacio, de modo que se produzcan sensaciones de majestuosidad y grandiosidad. Según De Haes, en la pintura debe dominar la preferencia y el gusto hacia un paisaje “misterioso, gigantesco y sombrío”, que “eleva el pensamiento a las regiones del infinito”, afirmaciones todavía muy en el gusto romántico. Beruete irá un paso por delante superando a los románticos, con unas aportaciones más audaces en cuanto al color, la composición y el tratamiento de la luz, así como en la manera y la actitud al afrontar las obras.
Aureliano de Beruete. “Grindelwald. Los Alpes”. 1906. Óleo sobre lienzo
Serán paisajes con marcadas connotaciones de vastedad y solemnidad, de extensas vistas panorámicas, pero con una realización y unos planteamientos notoriamente más modernos, más subjetivos y evocadores que estudiaremos a continuación.
Aureliano de Beruete y otros colegas pintores trabajando del natural
2. LOS RECURSOS PLÁSTICOS EN LA OBRA PICTÓRICA DE BERUETE
De Haes se refiere a Aureliano de Beruete con las siguientes palabras:
“Los trabajos que fue realizando durante aquellos ejercicios producían tal sorpresa entre los opositores; los procedimientos de los que se servía eran tan diferentes de los conocidos; tan otra la brillantez de los colores que usaba, que en cierta ocasión hubieron de descerrajar la caja de su uso con el fin de sorprender algo que buscaban como causa secreta de lo que no era otra cosa que el fruto de una enseñanza sabia, basada en el estudio del natural, puesta al servicio de una inteligencia clara y despreocupada, todo ello en contraposición a los métodos inspirados en los amaneramientos de escuela y en convencionalismos tan al uso entonces en España”.(4)
Beruete había comenzado a pintar con un estilo muy cercano al de su maestro belga De Haes. Sin embargo, a medida que profundizó en el conocimiento de la pintura naturalista francesa e inglesa de finales de siglo, y sus planteamientos estéticos maduraron, y su manera de hacer evolucionó hacia novedosas propuestas que supo llevar a cabo con gran libertad y decisión.
Al observar una selección de obras de Beruete que tienen en común la presencia de la montaña, advertimos el interés por reflejar su propia experiencia con el paisaje: lo que este le ha sugerido pintar tras una detenida contemplación, la elección de un ángulo determinado o la predilección por unas gamas en particular. Todo en el cuadro tiene su razón de ser y obedece a unos planteamientos más subjetivos y evocativos de una sensación vivida ante una naturaleza luminosa, poderosa y prístina.
Veremos que Beruete elimina la anécdota y lo superficial en sus obras de paisaje y trata siempre de plasmar lo esencial, los rasgos y elementos más característicos de este o aquel lugar. El resultado es la representación de un paisaje que está pictóricamente vivo, que no retrata un escenario artificioso o compuesto, sino un paisaje cambiante fruto de la frescura de lo abocetado; Beruete no busca la mera descripción objetiva, sino el más puro concepto plástico: la sugerencia se antepone a la simple descripción. El pintor ofrece así una visión del paisaje completamente renovada, poética, luminosa y fresca, y lo logra empleando unos recursos plásticos que analizamos a continuación.
Según nuestros conocimientos y nuestra experiencia como pintores, consideramos fundamental como punto de partida lo siguiente: la composición de una imagen viene dada por la ordenación en un campo o espacio plástico de un conjunto de elementos morfológicos (el punto, la línea, el plano, el color, la forma, la textura, etc.), cuya interacción con el propio campo origina una serie de relaciones ligadas entre sí, que producen en el espectador la impresión de unidad. La composición o disposición de dichos agentes plásticos da lugar a elementos activadores de la imagen, como la tensión, el ritmo, el espacio o el movimiento. De esta manera, trataremos uno a uno los agentes plásticos que caracterizan las obras de Beruete, y la forma en que estos interaccionan entre sí para expresar el mensaje de cada obra.
Primeramente, el color. Observamos, en general, que con el tiempo su paleta se irá aclarando y sus paisajes ganarán en luminosidad y transparencia. El rico entramado de tonalidades se construye con una suavidad y una limpidez extraordinarias. Su pintura resulta cromáticamente más luminosa que la de De Haes, al emplear Beruete gamas más saturadas, siempre dentro de la moderación, el equilibrio y la sobriedad de los verdes, los azules, las gamas cálidas y los variados tierras; en Beruete sí advertimos el uso de complementarios, y a partir de 1900 adoptará con frecuencia el triángulo verde-violeta-anaranjado de los impresionistas, aplicado mediante planos cromáticos violentamente seccionados.
Aureliano de Beruete. “Grindelwald. Los Alpes”. 1906
Aureliano de Beruete. “El Tajo. Toledo”. 1905-1906
En la paleta, de lo oscuro a lo claro, el color siempre estará sometido a una cuidada observación del natural y a los colores locales, desde los cenicientos matices de gris más finos, a la sutil gama de los blancos, verdosos, azules y los rosas más delicados. El color es expresión pura, con algunos acentos más saturados que dirigen la mirada del espectador dentro de la composición, y organizan la percepción de los elementos que la componen. La búsqueda de la armonía, la moderación y la luminosidad son constantes en su obra, si bien dicha saturación cromática localizada caracteriza algunas obras. En ocasiones, ésta también funciona con intención de expresar un contraste, siempre moderado, por la saturación o la complementariedad, lo que mitiga el carácter disciplinado o la posible serenidad compositiva desviando la atención hacia un punto específico.
Aureliano de Beruete. “Paisaje del Guadarrama”. Sin fecha
Aureliano de Beruete. “Paisaje de Toledo”. Sin fecha
En la construcción del espacio, y como ya hemos comentado, las lejanías de las sierras son acertadamente reflejadas mediante amplias vistas panorámicas que abarcan una sucesión de planos casi infinitos. En la pintura de Beruete resulta significativa la concepción espacial: se trata de producir sensaciones de majestuosidad y grandiosidad del lugar representado. En ese sentido, es muy evidente la influencia ejercida por Carlos de Haes, aunque omitiendo cualquier posible afectación o teatralidad, más cercanas a lo romántico. Los paisajes deben transmitir connotaciones de vastedad y solemnidad, y las extensas panorámicas abiertas los muestran como un espectáculo grandioso y sublime, recurriendo también a la perspectiva aérea que difumina los contornos en los fondos y tiñe de azul las formas naturales.
Aureliano de Beruete. “Paisaje de Segovia”. 1908
El cielo adquiere un valor significativo en el conjunto como lugar esencialmente atmosférico de donde proviene la luz, y que viene a expresar lo ilimitado, lo inasible, en definitiva, lo infinito. El espacio se construye a través de una estructurada sucesión de términos de profundidad. Estas construcciones panorámicas ofrecen un campo visual más general, delimitado por un horizonte normalmente situado algo más abajo de la mitad del formato, que indica que el punto de vista se sitúa en una zona inferior, lo que favorece una percepción completa y dominante de lo que acontece en el área ocupada por cielo, que suele ser el gran protagonista de estas composiciones.
Aureliano de Beruete. “El Guadarrama”. 1911
Aureliano de Beruete. “Ávila. Vista de la Muralla y la Paramera”. 1909
Sin embargo, también encontramos composiciones en las que el horizonte aparece ubicado en un lugar más elevado, por lo que el plano de suelo adquiere mayor relevancia, y se enfatiza la percepción de la escena desde lo alto, con diagonales sugeridas en las líneas del propio paisaje que igualmente subrayan la impresión de espacio construido en profundidad.
Aureliano de Beruete. “El Tajo.Toledo”. 1905-1906.
Escena construida empleando una vista de pájaro.
Al hablar de la composición dentro de esta selección de paisajes de montaña, diremos que ésta en general sigue una ordenación que busca ante todo el reposo y el equilibrio. La disposición de los elementos naturales se inscribe con frecuencia en marcados esquemas horizontales que crean una estructura de conjunto plenamente asentada. Sin embargo, este equilibrio tratará de evitar cualquier rigidez simétrica, pues Beruete hace uso de la descentralización; así, ciertos elementos, como por ejemplo un árbol, aparecen aislados y ubicados en las áreas periféricas de la imagen para aportar un factor visualmente más activo y dominante, en torno al que se ordenan el resto de elementos. Se trata básicamente de elementos naturales que, al variar moderadamente en su forma, dimensión o color, no afectan al hilo conductor de la escena, sino que tienen un valor esencialmente estructural.
Aureliano de Beruete. “Vista de los Montes de Guadarrama”. 1911.
El elemento “árbol” de menor tamaño ubicado en el extremo izquierdo
rompe la posible simetría compositiva y equilibra la zona de la izquierda.
Destacamos la rotundidad de la forma en la construcción de las masas arbóreas.
Aureliano de Beruete. “La tapia de El Pardo”. 1911.
La amplitud del celaje favorece la sensación de libertad y distancia en estos paisajes.
Aureliano de Beruete. “Paisaje de la sierra”. Sin fecha.
Esta obra muestra un espacio más “encajonado”, con el horizonte cerrado por el elemento “montaña” en el fondo, así como en los bordes laterales de la composición.
En lo que se refiere a la pincelada, vemos que este artista tiende a suprimir el dibujo de dicción cerrada, que sustituye por la finura de una pincelada suelta, viva y audaz, aplicada con generosa densidad y transparencias. A menudo, tanto el cielo y el suelo sirven como pretextos pictóricos, con un interés fundamentalmente estético, como zonas del cuadro en las que desplegar todo un variado repertorio de pinceladas y áreas texturadas con diferente dirección de trazo, intención y forma. La explícita dicción abierta y el trazo abocetado en la ejecución son constantes en todos estos paisajes. Beruete siempre reivindicará la “modernidad” de la pincelada de Velázquez, para él gran maestro, realizando una síntesis pictórica de las formas naturales, también en sus pequeños formatos, con pincelada deshecha, atrevida y muy vibrante. Utilizará asimismo empastes bastante densos, que dan importancia a la cualidad pictórica de la obra. De esta manera los elementos naturales son tan sólo manchas de color construidas con toques ligeros y acertados, de poderosa expresión.
En la bibliografía consultada hemos llegado a leer que Aureliano de Beruete es un pintor que se acerca a los planteamiento impresionistas en la factura de sus obras, a nuestro juicio, nada más equivocado. Tan sólo le une a ellos el hecho de que pinta del natural y emplea en ocasiones alguna gama cromática similar. La manera de afrontar y acometer el cuadro, la pincelada en definitiva, es completamente distinta, mucho más próxima al luminismo y la mancha amplia de Sorolla. Lo vemos en unos ejemplos:
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Aureliano de Beruete. Detalle de “Grindenwald”. 1907
Como podemos observar, la pincelada de Beruete dista bastante del tipo de pincelada regular, pequeña y repetitiva que utilizaban algunos impresionistas, cuando creaban un tercer color al yuxtaponer dos manchas de color puro sobre el soporte y contemplarse éstas en la distancia, que fue el máximo reto de los impresionistas. La pincelada de Beruete no tiene tal propósito, su trazo de pincel es mucho más rico, amplio y variado en su forma y tamaño, por lo que el tratamiento del óleo resulta muy libre y decidido.
Claude Monet. Detalle de “Estanque de Nenúfares”. 1893
Joaquín Sorolla. “Rocas en el mar de Jávea”. 1900
Rápidas y briosas pinceladas en los apuntes de primera mano de Sorolla, instintivos y de manchas de muy diversos tipos y tamaños.
Las pinceladas no se yuxtaponen aleatoriamente para crear una nueva tonalidad como ocurre en el Impresionismo, sino para generar sensación de movimiento y vivacidad palpitante de los elementos naturales representados, el mar y las rocas.
Detalle de "Hórreo (Asturias)". Obra de Darío de Regoyos.1891.
Las pinceladas pequeñas y yuxtapuestas de Regoyos, el impresionista español, repetidas a lo largo del formato y de color saturado resultan muy distintas a la manera de hacer de Aureliano de Beruete o Sorolla.
Finalmente, la luz. Podemos decir abiertamente que la pintura de Beruete se inserta en la corriente del Luminismo de su tiempo, junto a maestros como Joaquín Sorolla, con quien también trabará amistad. Es una pintura realizada a plena luz, al aire libre, que busca captar toda la diafanidad del paisaje de la meseta y de las cumbres nevadas, sin conceder atención a aspectos más sombríos. Las soluciones empleadas por Beruete resultan de un gran poder visual y una absoluta modernidad, con un predominio de los valores altos en la escala tonal y de marcados contrastes, que favorecen la creación de espacialidad y generan cierto dramatismo en algunas escenas que muestran las montañas en primer plano, mientras que en otros paisajes la claridad más diáfana invade toda la escena y viene expresada por la brillantez de las gamas cromáticas. Las luces y las sombras se alternan en un juego visual que resulta vibrante y dinámico, y que refleja el aspecto de un paisaje mudable y en movimiento.
Aureliano de Beruete. “Paisaje de montaña”. Sin fecha.
El acusado contraste sugiere la sublimidad imponente de las cumbres.
Aureliano de Beruete. “El Guadarrama desde la Moncloa”. 1893
Aureliano de Beruete. “El Guadarrama”. 1911
Beruete, pintor muy prolífico, mediante una pintura de calidades plásticas, tratará de plasmar la esencia de lo puramente español atendiendo a la trascripción naturalista de los efectos atmosféricos y a la luz como rasgos esenciales de sus paisajes con temática de montaña.
Valiéndose de medios muy directos y sin artificios, aprovechando al máximo la espontaneidad que la pintura del natural le brinda, y haciendo uso de una pincelada que no define ni recorta, sino que sugiere y evoca, logra unos resultados pictóricos de una gran modernidad y audacia que le sitúan como figura regeneradora del paisajismo español de principios del siglo XX.
Beruete pintando en el exterior
OTRAS OBRAS DE PAISAJE DE MONTAÑA DE AURELIANO DE BERUETE
Aureliano de Beruete. “Montaña de Grindenwald nevada”. Hacia 1906-1907
Aureliano de Beruete. “Paisaje cercano a Grindenwald”. Hacia 1906
Aureliano de Beruete. “Paisaje de montaña nevada”.1905
Aureliano de Beruete. “Ventisquero de los Alpes”. 1905
Aureliano de Beruete. “Apunte de paisaje con montañas”. Sin fecha
Aureliano de Beruete. “Apunte de montaña al amanecer”. Sin fecha
Aureliano de Beruete. “Apunte de paisaje con montañas”. Sin fecha
Aureliano de Beruete. “Apunte de paisaje con montañas”. Sin fecha
Aureliano de Beruete. “Castilla”. 1907
Aureliano de Beruete. “La Sierra de Guadarrama”. Sin fecha
Aureliano de Beruete. “Grindenwald”. 1907
NOTAS
1) GRAMICH, R.: “Rastgedanken”. Bonn, 1964. Pág. 187.
2) Catálogo Senderos a la Modernidad. Pintura Española de los siglos XIX y XX en la colección Gersteinmaier. Fundación Caja Murcia. Murcia 2016. Pág.6.
3) LITVAK, L.: "El tiempo de los trenes. El paisaje español en el arte y la literatura del Realismo. 1849-1918". Ed. Del Serbal. Barcelona, 1991. Pág. 209 y ss.
4) Catálogo “Senderos a la Modernidad. Pintura Española de los siglos XIX y XX en la colección Gersteinmaier”. Fundación Caja Murcia. Murcia 2016. Pág. 6.
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
CALVO-SERRALLER, F. et al.: "Los paisajes del Prado"·. Ed. Nerea. San Sebastián, 1993.
LITVAK, L.: "El tiempo de los trenes. El paisaje español en el arte y la literatura del Realismo. 1849-1918". Ed. Del Serbal. Barcelona, 1991.
PENA LÓPEZ, C.: "PAISAXISMO E IDENTIDADE NA ARTE ESPAÑOLA CONTEMPORÁNEA". Universidad Complutense de Madrid. (Consello da Cultura Galega)2019.
Revista ARTE ESPAÑOL REVISTA DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE AMIGOS DEL ARTE. (FUNDADA A EN 1909 ) AÑO XXVI. I DE LA 3ª ÉPOCA. TOMO XIII. CUARTO TRIMESTRE. 1941.
Catálogo “La sierra de Guadarrama en el Museo del Prado”. Museo Nacional del Prado, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Madrid, 2016.
Catálogo “Senderos a la Modernidad. Pintura Española de los siglos XIX y XX en la colección Gersteinmaier”. Fundación Caja Murcia. Murcia 2016.
WEBSITES CONSULTADAS
https://www.nationalgallery.org.uk/
https://arteederrenmuseoa.eus/es/inicio
https://www.carmenthyssenmalaga.org/
https://bilbaomuseoa.eus/
Las imágenes que ilustran el texto han sido tomadas de la bibliografía y las websites referenciadas anteriormente. En ciertos títulos de las obras, se incluye la nota "sin fecha", al no disponer la autora de ese dato.
Las conclusiones de este estudio están basadas en la observación directa de las obras de Aureliano de Beruete por parte de la autora en diferentes museos, instituciones y exposiciones.
Lola Soto Vicario es artista y Doctora en Bellas Artes por la Facultad de Bellas Artes de San Carlos de Valencia (Universidad Politécnica de Valencia).
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